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El futbol es un deporte de pasiones que no tiene límites. Puede ser un semanal encuentro de amores o una guerra de odios. Despierta locuras de fanáticos, felicidades y hasta procesos sumarios colectivos, cuando los resultados no responden. Se presentan dudas de funcionamiento, desacoples colectivos, rechazos, individualidades en gracia o en decadencia. Todo tipo de cosas.
Al hincha le enerva, especialmente, cuando se ventilan frente a él, las vergüenzas del negocio, las dudas financieras, la falta de recursos o el despilfarro descarado. Entonces llegan con ello las venganzas, las rabias que se hacen públicas en los estadios, con agravios a los causantes de los desastres. Interesa y mucho, la pelota y sus artistas, pero poco quienes tienen el mando desde afuera.
El aficionado entiende de resultados y poco de comportamientos administrativos, pero sabe diferenciar entre lo bueno y lo malo que tiene el futbol en todas sus aéreas e incluso ha desarrollado una extraña habilidad para voltear con sus críticas a los entrenadores, como muñecos de trapo, auspiciados por una prensa intolerante y, en muchos casos, desconocedora de razones y procederes. Broncas y odios gratuitos, en tantas ocasiones.
Actualmente, pese a los esfuerzos de algunos pocos directivos, que registran conocimientos, experiencia y dedicación, el futbol nacional enfrenta una variante de problemas que lo pone en cotidiano aprieto.
A los estadios en obra, por las necesidades del mundial, se adicionan los inconvenientes de caja, que la mayoría de los clubes afronta. Deudas acumuladas y jugadores amenazantes, con posibilidad de emigrar a otros países, respaldados por la regulación FIFA. Varios de ellos se mueven, agazapados, protegidos por algunos empresarios vampiro, a quienes el futbol como espectáculo duradero importa poco, porque, entre otras cosas, tienen el amparo de algunos cómplices en los clubes.
Se da, además, una limitada motivación por las pocas contrataciones con que arranca el campeonato de este semestre y se avecinan torneos atípicos por la obligatoria adecuación a los calendarios internacionales y la cesión anticipada de los estadios remodeladas, a las autoridades de la fifa, antes del mundial del próximo año. Lo que asume, año y meses, sin los escenarios más reconocidos.
Tamaño problema, que no es menudo, para los dirigentes de casta, que lo asumen con responsabilidad, pero estos, que son pocos, no cuentan con el respaldo del grueso de la dirigencia, que maneja a sus equipos como si fuera un juguete casero.
Esteban Jaramillo Osorio
Nuevo Estadio
Bogotá
Contracara
Esteban Jaramillo Osorio
Nuevo Estadio
Bogotá
El fútbol, esa loca pasión
El futbol es un deporte de pasiones que no tiene límites. Puede ser un semanal encuentro de amores o una guerra de odios. Despierta locuras de fanáticos, felicidades y hasta procesos sumarios colectivos, cuando los resultados no responden. Se presentan dudas de funcionamiento, desacoples colectivos, rechazos, individualidades en gracia o en decadencia. Todo tipo de cosas.
Al hincha le enerva, especialmente, cuando se ventilan frente a él, las vergüenzas del negocio, las dudas financieras, la falta de recursos o el despilfarro descarado. Entonces llegan con ello las venganzas, las rabias que se hacen públicas en los estadios, con agravios a los causantes de los desastres. Interesa y mucho, la pelota y sus artistas, pero poco quienes tienen el mando desde afuera.
El aficionado entiende de resultados y poco de comportamientos administrativos, pero sabe diferenciar entre lo bueno y lo malo que tiene el futbol en todas sus aéreas e incluso ha desarrollado una extraña habilidad para voltear con sus críticas a los entrenadores, como muñecos de trapo, auspiciados por una prensa intolerante y, en muchos casos, desconocedora de razones y procederes. Broncas y odios gratuitos, en tantas ocasiones.
Actualmente, pese a los esfuerzos de algunos pocos directivos, que registran conocimientos, experiencia y dedicación, el futbol nacional enfrenta una variante de problemas que lo pone en cotidiano aprieto.
A los estadios en obra, por las necesidades del mundial, se adicionan los inconvenientes de caja, que la mayoría de los clubes afronta. Deudas acumuladas y jugadores amenazantes, con posibilidad de emigrar a otros países, respaldados por la regulación FIFA. Varios de ellos se mueven, agazapados, protegidos por algunos empresarios vampiro, a quienes el futbol como espectáculo duradero importa poco, porque, entre otras cosas, tienen el amparo de algunos cómplices en los clubes.
Se da, además, una limitada motivación por las pocas contrataciones con que arranca el campeonato de este semestre y se avecinan torneos atípicos por la obligatoria adecuación a los calendarios internacionales y la cesión anticipada de los estadios remodeladas, a las autoridades de la fifa, antes del mundial del próximo año. Lo que asume, año y meses, sin los escenarios más reconocidos.
Tamaño problema, que no es menudo, para los dirigentes de casta, que lo asumen con responsabilidad, pero estos, que son pocos, no cuentan con el respaldo del grueso de la dirigencia, que maneja a sus equipos como si fuera un juguete casero.

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